“El folclore es un género muy vivo”. Juan Martín Medina

Juan Martín Medina es un “animal folclórico” que se anima a explorar territorios conocidos y no tanto de la música popular. Charla con un virtuoso que no se detiene.  

Por Dai García Cueto Fotos: Sebastián Salguero

Si pudiera elegir un barrio de cualquier lugar del mundo para radicarse, Juan Martín Medina (50) preferiría uno cercano al aeropuerto. “Para llegar más rápido a México, que al centro de la ciudad”, dice el músico mientras observa el paisaje de Córdoba Capital.

Con su oficio recorrió gran parte del planeta, de hecho tiene desparramado su hogar entre varias ciudades. En 2008 se fue a vivir a la capital mexicana, convocado por Julieta Venegas para dirigir los vientos de su banda. Con él se llevó a Sol Pereyra y Leandro Guffanti.

Toca la flauta traversa y el saxo, y además, es “multiinstrumentero”, porque le agrega clarinete, percusión, un poco de charango y guitarra chica y ahora un poco de acordeón.

Se define como un “animal folclórico”, porque el folclore estuvo presente desde siempre por sus padres bailarines, y ya desde chiquito, además de escuchar y bailar, tocaba el bombo. “Cualquier cosa que haga, tiene un color folclórico”, confiesa.

Siempre quiso hacer música. Primero soñaba con ser Marito, el niño que acompañaba a Jorge Cafrune; después, John Lennon. Hoy puede decir Soy Medina, como el título de su primer disco solista. En el sendero es el nombre del segundo. “Quería hacer música y estoy muy contento con lo que hago”.

Ese Medina además tiene varios proyectos simultáneos en Argentina, México y otros países de Latinoamérica, donde los amigos son tan importantes como la música: “Decidí ser músico porque la pasaba bien. El placer inmediato con lo que estás haciendo es prioritario. El costo de no pasarla bien es altísimo en un laburo como este, en el que pasás muchos momentos juntos, y algunos son críticos, veinte días mal dormidos, perdiendo aviones…, no son sólo las dos horas del escenario. Por eso, priorizo hacer mis proyectos con amigos”.

¿Qué cosas te dio a vos y a tu profesión viajar por el mundo?

No puedo separar la profesión de la vida. Mi día no es setenta por ciento música, es una cosa más holística. Te da flexibilidad, conocer otros modos de vivir te da otra perspectiva de las cosas. También lo relativizo, porque depende de cómo viajes. En lo profesional te enseña a vincularte con otros códigos de trabajo, que a veces son internacionales, aprendés lo que en todos lados es igual y las particularidades de cada sitio. Te da otro orden y tipo de exigencia. Lo que te da otra visión es el contacto con la gente.

¿Qué particularidades tiene la música argentina?

No sé si hay una particularidad. Hay etapas. En este momento estoy impresionado por la alta calidad de la composición y la poesía de una camada de creadores de la música folclórica argentina. Lo otro, es el interés en cómo conviven, en cómo se mixturan distintos estilos, con naturalidad. Eso sucede aquí muy naturalmente. Llegué a México y pensé que iba a encontrar una gran cantidad de jazzeros que incorporan a su música elementos regionales, me costó muchísimo, ahora están apareciendo. En Argentina desde siempre, los jazzeros han investigado e incorporado repertorio folclórico, es una característica muy Argentina.

¿Por qué se da?

Creo que el folclore es un género muy vivo. Acá se cuestiona la definición de folclore porque es un hecho cotidiano. Siempre se diferenció tango y folclore, porque en Santiago cualquier chico escucha una chacarera, pero en Buenos Aires no escuchan tango en las escuelas. Hay autores nuevos, el repertorio es nuevo. Eso recién está pasando con el tango, pero por muchos años estuvo quieto. Esa cosa de género vivo te da la sensación de que lo podés meter en cualquier cosa que estés haciendo. La pureza de la chacarera es una discusión estéril, nunca se dejó de hacer chacarera, ha estado en movimiento. Es interesante estudiar la pureza y la evolución, para poder decir “la voy a hacer al estilo de los Hermanos Ávalos, o más como Los Manzaneros”.

¿No hay estado de pureza en el folclore?

No, por eso hay tanto replanteo de cómo llamamos a esta música. Por definición, no debería tener ese movimiento, pero está en cambio permanente, nueva poesía, nuevas temáticas y la característica de la época.

¿Cómo llegaste a la flauta?

Me quedaba disfónico; en un momento estuve sin hablar dos meses. Fue muy divertido, no me quería operar, entonces escribía en un anotador. Mi novia de ese momento era bailarina y tocaba la flauta, se la pedí, ya que no podía cantar. Además, Pancho Alvarellos de Postdata tocaba la flauta y era un tipo tan entregado con lo que hacía, que me impactó eso. Quizá técnicamente no era el mejor, pero tocaba con una entrega tan grosa que me hizo enamorar del instrumento.

CHOCOLATE POR CAFÉ

“No soy tan cafetero. Chocolatero toda la vida, y lo tomo con agua. Es una costumbre que agarré de México, donde originalmente se toma con agua hirviendo”. Confiesa que a lugar que va, compra chocolate. “Viajar para mí es un impulso que tuve siempre. Nací en Rosario, a los 7 me fui a Buenos Aires, a los 10, a Córdoba, a los 14, Belle Ville, a los 16 volví, a los 20, a Buenos Aires. Siempre estuvo esa cosa de movimiento”, como el folclore.

*Publicado en revista Convivimos. Enero 2017.

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